¿Cuál es la joya que nunca te quitas?

Hay una joya en el joyero de todo el mundo que se usa para ocasiones. Sale en diciembre, en un matrimonio, en un cumpleaños importante. El resto del año está guardada.

Y hay otra que uno se pone y ya. La que está ahí cuando te levantas, cuando sales a trotar, cuando te bañas, cuando cocinas. La que ya no notas hasta que un día se te olvida ponértela y sientes que algo falta.

Esa segunda es la que nos interesa hacer.

Suena simple, pero cambia todo en la manera de fabricar. Una pieza que se usa cinco veces al año aguanta casi cualquier acabado. Una que se usa todos los días tiene que estar hecha de otra forma.

Por eso trabajamos con oro laminado de 18 quilates. En el laminado, el oro se adhiere al metal con calor y presión hasta quedar integrado a la pieza, en una capa gruesa y continua. No es una película por encima. Es parte del anillo. Eso es lo que le permite aguantar el agua, el jabón, el sudor del gimnasio y el roce de todos los días sin ir perdiendo el color.

También son piezas hipoalergénicas, sin níquel. Ese detalle importa más de lo que parece. Mucha gente cree que la joyería no es para ella porque todo le irrita la piel, y casi siempre el culpable es el níquel del metal base, no el oro. Si alguna vez te pasó, vale la pena volver a intentar.

Nada de esto es un secreto de fábrica ni una fórmula que inventamos nosotros. Es simplemente la decisión de usar un proceso más caro y más lento porque el resultado dura. Preferimos hacer menos piezas y que la gente las siga usando en tres años.

De ahí sale la garantía de cinco años, por cierto. No es una cifra que escogimos porque sonaba bien en la página. Es el tiempo que el material aguanta, y nos pareció justo escribirlo.

Si estás pensando en comprar joyería en otro lado y quieres saber si va a durar, hay una pregunta que sirve casi siempre: pregunta qué tipo de acabado tiene y cuánto mide la capa de oro. Si te responden con un número, buena señal. Si te responden "es de alta calidad", ya sabes por dónde va.

Ojalá encuentres la tuya. La que se te vuelve costumbre.

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